Para conseguir que la RSC tenga sentido

Las empresas han ido entrando en varios proyectos de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), pero no todas lo han hecho con el mismo nivel de conciencia. Las empresas tienen responsabilidades con todos a quienes afectan, y parece bastante evidente que tendrían que tener claro que forman parte de la sociedad, extraen bienes y servicios provenientes de personas, y tiene mucho sentido que tengan la obligación de volver parte del qué han recibido. Por lo tanto, la lógica de la RSC es clara, y tiene bastante sentido. Una empresa se debe a todos los grupos de interés, y la sociedad donde la empresa opera, es un grupo de interés como lo son los clientes, los proveedores y los accionistas, entre otros.

Respecto a la dependencia funcional del área que lleva esta RSC, en algunas empresas la RSC la puerta un departamento aparte, que tiene su propio presupuesto para llevar a cabo diferentes proyectos. En muchos casos este departamento se encuentra dependiendo en alguna medida del departamento de marketing, y por tanto, se aprovechan estas actividades de RSC para dar una imagen positiva de la empresa de cara a la sociedad, que revierta también hacia la misma empresa, pues lo qué proyectan las actividades son unos valores que también fortalecen la propia marca, por lo tanto, serían actividades de RSC que tendrían una cierta rentabilidad a nivel de imagen de marca. En otros casos, se encuentra muy ligada a gerencia, o también a relaciones institucionales.  Dependiendo de qué sea el caso, seguramente la empresa está mostrando su visión de la RSC, porque cree que le sirve y en qué medida cree y con qué profundidad lo aplica.

Muchos de los profesionales de la RSC claman que hay que desvincularla de la ética empresarial, comentando que la ética es muy teórica y se encuentra interesada en el qué está bien y en el que no, mientras que la RSC entra a la práctica, y a implementar directamente la responsabilidad, sin dilaciones ni debates teóricos. Pero en realidad para poner a la práctica las actividades de RSC hay que nutrirlas de ética, dado que la empresa se tiene que mojar y decir que está bien y que no. Aquello que guía las actividades de RSC es precisamente la ética empresarial, porque sino se corre el riesgo de quedarnos solo con la estética, e incluso solo tratar con los grupos de interés más vistosos, dejando de banda políticas a grupos de interés básicos pero menos vistosos, como lo serían los trabajadores. Porque la ética es la que impregna cualquier decisión, incorporando criterios que afectan el largo plazo, valorando las consecuencias que cada decisión tendría por todos los afectados, para ponderar las diversas opciones disponibles. Y si en todas las decisiones, hay que incorporar criterios éticos, en el ámbito de la RSC, todavía toma más sentido incorporar criterios éticos a la hora de elegir qué actividades hacer. Y también para ver en cada circunstancia qué tendrían que ser los grupos de interés a priorizar por encima de los otros (por ejemplo, si nos encontramos en crisis y hay que decidir cuestiones que afectan a los trabajadores, quizás hay que centrar la RSC en estos).

En muchos  casos las empresas disocían la RSC de cualquier debate ético. Hay numerosos ejemplos de empresas salpicadas en casos de corrupción, que tenían unas memorias anuales de RSC llenas de actividades conducentes dirigidas a mejorar algún aspecto de la sociedad. Pero la responsabilidad social principal de una empresa es ser profesional y tener unos criterios de decisión que guíen el trabajo de todos sus directivos y trabajadores.  Y esta cultura tiene que impregnar todas las decisiones, siendo la RSC un conjunto de actividades, que empiezan por la propia actividad de la empresa, es decir, hacer bien y mejor su trabajo, resolver necesidades de los clientes, ser sostenibles al ofrecer sus servicios, tratar bien a los proveedores y a los clientes, tener sistemas de control de gestión con criterios de transparencia, retribuir de manera justa a los trabajadores, entre otros.

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