¿Cómo tiene que ser la persona que contratamos?

Cuando contratamos una persona le miramos una serie de requisitos profesionales. Nos interesa la eficiencia (productividad), y la eficacia (hacerlo bien), por lo tanto, queremos que aquellas personas que se incorporen presenten unas mínimas credenciales técnicas. Solo hace falta que nos preguntamos a nosotros mismos, qué nos gustaría de un buen médico, y lo qué nos gustaría es que sepa lo qué se hace. No saber, lo convierte en un mal profesional y en cambio saber en un buen profesional.

Por lo tanto, por una determinada profesión cualquiera emprendida quiere candidatos aptos técnicamente por el puesto de trabajo. Pero si nos miramos más en detalle esta afirmación y miramos qué hace que una persona sea un buen profesional, veremos que la parte técnica es solo una pequeña parte. Por qué? Porque la técnica evoluciona, el qué hacía que alguien fuera considerado un buen profesional en un ámbito concreto hace un cierto tiempo ha evolucionado, y mucho, en la mayoría de profesiones. Por lo tanto,¿cómo puede alguien evolucionar y ser siempre un buen profesional? ¿Siendo bueno técnicamente en un momento dado? Pues la respuesta es no. Entonces veremos que hay otras dimensiones que son realmente el motor de formarse de manera continuada, y que constituyen la motivación que hay detrás, y esta dimensión es querer ser alguien confiable. La confianza, querer que alguien confíe en ti, es la clave.

Una persona confiable, intenta mostrar  que es un buen profesional, técnicamente. Porque sabe que sin un mínimo de técnica nadie confiará en ella. Esta sería la dimensión de la habilidad. Y es la que todos tenemos muy clara, y es de mínimos, pero necesaria. Sin ella, alguien no puede pretender ser una persona con quien se pueda confiar en un ámbito concreto. Pero hacen falta más cosas y además, las que hacen falta, son las realmente importantes, y las que echan de menos los empresarios cuando han contratado alguien y se han dado cuenta que no pueden confiar.

La primera es la integridad. La persona confiable es integra. Tiene la capacidad y determinación de saber sus límites, de comportarse según aquello que sabe que generará un beneficio hacia la empresa y a él mismo. Para poner el caso más extremo, no roba de manera de deliberada al empresario ni directa ni  indirectamente. En todo caso, pide un aumento de sueldo o habla abiertamente de su descontento, pero no se cobra este “sueldo” de manera fraudulenta y a escondidas. Acepta las normas, y las comenta para mejorarlas, pero en ningún caso se las salta cuando le conviene y las hace cumplir a los otros sobre los que puede ejercer poder. También sabe qué le falta para actualizarse y ser un buen profesional, tiene al capacidad de auto análisis, y de ver qué límites tiene, y como suplirlos. La mejora personal la tiene clara y acostumbra a exigir a los otros de manera similar al qué lo haría con ella. La integridad es un valor que hace que la persona también mejore como profesional. Y la hace confiable.

Finalmente, la persona confiable demuestra interés genuino por los otros, sobre todo, por aquellos a quienes manda, o con quién comparte objetivos. Por lo tanto, se interesa por el proyecto, por la empresa en general, y tiene empatia de cara a ver como puede ser de utilidad. Intenta no perjudicar y menos aún perjudicar para ganar solo ella.

Cuando un empresario contrata a alguien tiene que mirar que aquella persona demuestre interés al ser confiable. Y de las tres dimensiones, la técnica, es importante, pero en algunos casos se puede incluso dar margen porque se pueda ir adquiriendo. Las otras dos, difícilmente se pueden aprender tan rápidamente. Quien no es íntegro o empático, no lo aprenderá tan fácilmente y por tanto, si se tiene que priorizar, de las tres dimensiones de ser confiable, mejor fijarse con las dos últimas. Al final si alguien no es bueno técnicamente ni tiene ganas de serlo, no es ni íntegro ni empático.

Artículos relacionados

13 de mayo de 2019

Perseverar

28 de abril de 2019

On són les empresàries?